SEGUIMOS ESCRIBIENDO...LA HISTORIA DE LA IGLESIA DE DIOS E.C. EN COSTA RICA....VISITANOS EN FACEBOOK / #adelanteenlafecr/ - - - 1935-2025: 90 AÑOS DE TRABAJO MISIONERO DE NUESTRA IGLESIA EN COSTA RICA - - -INFORME DE CRECIMIENTO UBICA A LA IGLESIA DE DIOS EVANGELIO COMPLETO EN COSTA RICA, COMO LA SEGUNDA IGLESIA DE MAYOR CRECMIENTO....Así lo dice un informe elaborado por el Programa Latinoamericano de Estudios Sociorreligiosos (Prolades), a solicitud de la Federación Alianza Evangélica Costarricense (FAEC)--- GRACIAS...GRACIAS POR VISITARNOS....SOMOS EL BLOG # 1 EN COSTA RICA...OTROS DICEN LO QUE NOSOTROS ESCRIBIMOS.. GRACIAS POR RECOMENDARNOS...EN EL 2026 LA IGLESIA DE DIOS CELEBRARÁ SU 90 ANIVERSARIO...90 DE TRABAJO MISIONERO EN COSTA RICA.--- VEA EN ESTE BLOG EL VIDEO "ASI NACIO LA IGLESIA DE DIOS...1886" - - -Síguenos en la nueva red social Google + --- LEA Y COMPARTA EL ESTUDIO "LOS MENSAJES A LAS 7 IGLESIAS" EN ESTE BLOG - - - UNETE A LA RED SOCIAL "GodBook" DE LA IGLESIA DE DIOS - - - Blessings..in 2022 will continue to write the history of the Church of God in Costa Rica ... Visit us at Facebook/historiaiglesiadedioscostarica/ We are the blog # 1 in Costa Rica ... ".. others say what we wrote" WE SET THE STANDARD IN COSTA RICA ... thanks for recommending us - - - GRACIAS POR RECOMENDAR ESTE BLOG - -SIGUENOS EN PINTEREST...
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#IDECCR

Himno oficial Adelante Iglesia de Dios



 ¡ADELANTE, IGLESIA DE DIOS! ¡LA MISIÓN CONTINÚA!

Al conmemorar los 140 años de historia de la Iglesia de Dios a nivel internacional (1886-2026), recordamos con gratitud a aquellos hombres y mujeres que, movidos por su fe, su amor por Dios y su pasión por las almas, dieron los primeros pasos de una obra que ha trascendido generaciones y fronteras.

Cada esfuerzo cuenta, cada vida alcanzada tiene un valor eterno y cada semilla sembrada en el campo del Señor contribuye al cumplimiento de la Gran Comisión. Somos parte de una Iglesia llamada a avanzar, llevando el mensaje de salvación, formando discípulos y proclamando las buenas nuevas de Jesucristo.

Honramos el legado de nuestros pioneros, cuyo compromiso con el evangelio abrió caminos y sentó las bases de una Iglesia que continúa proclamando el mensaje de Jesucristo. Su historia nos recuerda que la obra del Señor se construye con oración, sacrificio, obediencia y una profunda convicción de cumplir el llamado recibido.

Hoy, ese legado vive en el servicio de nuestros pastores, evangelistas, maestros de Educación Cristiana, líderes departamentales, misioneros, servidores y congregaciones que, con dedicación y amor, trabajan diariamente para alcanzar a quienes necesitan escuchar las buenas nuevas de salvación.

La historia nos inspira, el legado nos compromete y la misión nos impulsa hacia el futuro.

A las nuevas generaciones les corresponde tomar la antorcha de la fe, conocer nuestras raíces, valorar el sacrificio de quienes nos precedieron y continuar escribiendo nuevas páginas en la historia de la Iglesia de Dios. No estamos llamados solamente a recordar lo que Dios hizo ayer, sino también a trabajar con pasión y fidelidad en lo que Él ha puesto delante de nosotros hoy.

Como nos recuerda la Palabra del Señor:

«Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano».

1 Corintios 15:58

Compartimos este hermoso himno, «Adelante, Iglesia de Dios», como un homenaje a quienes nos precedieron, un reconocimiento a quienes hoy sirven y un llamado a quienes mañana llevarán adelante esta misión.

¡Adelante, Iglesia de Dios! Que este himno renueve nuestra pasión por el servicio, fortalezca nuestro compromiso con la misión y nos recuerde que todavía hay mucho por hacer. Sigamos trabajando unidos, con fe, entrega y visión, porque la obra del Señor continúa y nuestra misión sigue vigente.  Que las próximas generaciones encuentren en nosotros una fe firme, un testimonio fiel y una Iglesia comprometida con la evangelización, la formación de discípulos y la proclamación del evangelio de Jesucristo.

Porque la historia continúa, el llamado permanece y la misión sigue vigente.

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¡Adelante, Iglesia de Dios!

¡Avancemos juntos! ¡La misión continúa y el evangelio debe llegar a cada corazón!




Conozcamos nuestras raíces, celebremos nuestra historia y construyamos juntos el futuro.


Nuestros orígenes, nuestra historia…
Nuestras luchas, nuestros logros y los retos que aún nos esperan.

Cada historia tiene un valor, cada testimonio deja una huella y cada recuerdo forma parte de nuestro legado.

¡Tu aporte es importante!

Envíanos tus comentarios, sugerencias, testimonios, fotografías inéditas, anécdotas y recuerdos que contribuyan a preservar y enriquecer la historia de nuestra Iglesia.

Con tu colaboración, mantendremos viva nuestra memoria, honraremos el camino recorrido y compartiremos con las nuevas generaciones el legado de fe que nos une.

¡Juntos hacemos historia y juntos seguiremos adelante!

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HISTORIA DE LA IGLESIA DE DIOS EVANGELIO COMPLETO EN COSTA RICA

Bienvenidos a este espacio dedicado a la memoria histórica de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica.

Agradecemos sinceramente su visita y el interés en conocer nuestras raíces, nuestra trayectoria y el legado de quienes, con fe, valentía y compromiso, contribuyeron al establecimiento y crecimiento de la obra de Dios en nuestro país.

Este blog nace con el propósito de investigar, documentar, preservar y compartir los acontecimientos, testimonios y experiencias que forman parte de nuestra historia ministerial. Es también un reconocimiento a los hombres y mujeres que, respondiendo al llamado del Señor, dedicaron sus vidas al servicio de Dios y al avance de la obra misionera.

Antes de utilizar los contenidos de este sitio, le invitamos a leer cuidadosamente los siguientes términos de uso.

1. PROPÓSITO DE ESTE BLOG

El contenido de este espacio es el resultado de un arduo y constante trabajo de investigación histórica, recopilación documental y búsqueda de información relacionada con los orígenes y el desarrollo de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica.

Nuestro propósito es contribuir a que las nuevas generaciones conozcan sus raíces, valoren el sacrificio de nuestros pioneros y comprendan el proceso mediante el cual se ha desarrollado la obra que hoy forma parte de nuestra herencia espiritual.

Creemos que preservar nuestra historia es honrar a quienes nos precedieron y reconocer la fidelidad de Dios a través de los años. Cada documento, fotografía, testimonio y dato histórico representa una pieza importante de esta memoria colectiva.

2. USO Y REPRODUCCIÓN DEL CONTENIDO

El contenido publicado en este blog puede utilizarse, de manera parcial o total, con fines informativos, educativos, históricos y ministeriales, siempre que se reconozca y cite debidamente la fuente original.

Nuestro mayor interés es que esta información sea de provecho para pastores, líderes, investigadores, estudiantes y miembros de la Iglesia de Dios, y que contribuya al conocimiento y la preservación de nuestra historia.

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3. RESPETO POR EL MATERIAL HISTÓRICO

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Nuestro compromiso es proteger la autenticidad de los registros históricos y procurar que la información se transmita con responsabilidad, fidelidad y respeto hacia las personas, las congregaciones y los acontecimientos documentados.

4. UN COMPROMISO CON NUESTRA HISTORIA Y NUESTRO LEGADO

Este proyecto es más que una recopilación de datos: es un esfuerzo por mantener viva la memoria de nuestra herencia espiritual y reconocer el trabajo de quienes abrieron camino para las generaciones que hoy continúan sirviendo al Señor.

Deseamos que este espacio sea una herramienta de consulta, aprendizaje e inspiración; un testimonio de la obra de Dios en Costa Rica y un recordatorio de que conocer nuestras raíces nos ayuda a comprender el presente y a proyectarnos hacia el futuro.

Agradecemos a todas las personas que han contribuido con información, fotografías, documentos, testimonios y recuerdos. De igual manera, expresamos nuestro reconocimiento a quienes visitan, consultan y comparten este material con el propósito de preservar y difundir nuestra historia.

Conocer nuestra historia es valorar nuestro legado; preservar nuestra memoria es honrar a quienes nos precedieron y transmitir a las nuevas generaciones el testimonio de la fidelidad de Dios.

Gracias por su comprensión, su colaboración y su compromiso con la preservación de nuestra historia.

Que el Señor continúe bendiciendo a su Iglesia y fortaleciendo a quienes, con fe y dedicación, siguen escribiendo las páginas de esta hermosa historia.

Atentamente,


Isaac David Guerra Minchez, editor - investigador

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¡CADA DÍA SOMOS MÁS! ¡CADA DÍA LLEGAMOS MÁS LEJOS!

¡Damos gracias a Dios porque cada día más personas leen, comparten y se identifican con nuestras historias en este blog y ahora en facebook

Detrás de cada historia hay recuerdos, testimonios, hombres y mujeres de fe, y una hermosa trayectoria que merece ser conocida por las nuevas generaciones. 

Seguimos adelante, compartiendo las bendiciones de Dios, recordando nuestras raíces y celebrando la historia de una Iglesia que continúa avanzando con fe y esperanza.

¡Qué privilegio contar las maravillas que Dios ha hecho y sigue haciendo en medio de su pueblo!

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¡SOMOS UNA IGLESIA EN MARCHA!
¡Con gratitud por nuestro pasado, fe en nuestro presente y esperanza en lo que Dios tiene por delante!

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¡La historia continúa, el mensaje se comparte y juntos llegamos más lejos!

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INICIO DE LAS MISIONES EN COSTA RICA, conozcamos la historia


LAS MISIONES MUNDIALES DE LA IGLESIA DE DIOS

Un legado de fe, obediencia y expansión del evangelio

La historia de la Iglesia de Dios es también la historia de un movimiento misionero comprometido con la proclamación del evangelio, la formación de discípulos y la expansión del Reino de Dios entre las naciones. Desde sus primeros años, la visión de alcanzar a quienes aún no habían escuchado el mensaje de salvación ha constituido una parte esencial de su identidad y de su razón de ser.

El Departamento de Misiones Mundiales de la Iglesia de Dios tiene la responsabilidad de impulsar, orientar y supervisar los esfuerzos de evangelización global, procurando que el mensaje de Jesucristo alcance a pueblos, comunidades y naciones, conforme al mandato que el Señor encomendó a su Iglesia:

«Por tanto, id, y doctrinad a todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén». (Mateo 28:19-20, Reina-Valera 1909).

Estas palabras no constituyen únicamente un mandato bíblico; representan el fundamento espiritual de generaciones de hombres y mujeres que, movidos por la fe, respondieron al llamado misionero y dedicaron sus vidas a llevar el evangelio más allá de sus fronteras.

1886: LOS CIMIENTOS DE UN MOVIMIENTO CON VISIÓN MISIONERA


Fieles al espíritu de búsqueda espiritual, unidad cristiana y compromiso con la santidad que caracterizó a sus pioneros, en 1886 se establecieron las bases del movimiento que llegaría a conocerse como la Iglesia de Dios (Church of God), en el estado de Tennessee, Estados Unidos.

En el condado de Monroe, un grupo de creyentes se reunió con el anhelo de profundizar en las Escrituras, vivir conforme a sus enseñanzas y procurar una experiencia cristiana más plena. Aquel esfuerzo, conocido inicialmente como la Unión Cristiana, constituye un antecedente fundamental en la historia de la Iglesia de Dios.

Lo que comenzó como una pequeña comunidad de creyentes llegaría a convertirse en un movimiento pentecostal de alcance internacional, cuya trayectoria ha estado marcada por la predicación del evangelio, la formación de ministros y el establecimiento de congregaciones en diferentes partes del mundo.

El legado de aquellos pioneros no se limita a la historia de una organización. Su mayor contribución fue sentar las bases de una obra que continuaría extendiéndose mediante la fe, el servicio y la obediencia al mandato de Jesucristo.

EL DESPERTAR DE LAS MISIONES MUNDIALES

Hacia 1910, la obra misionera internacional de la Iglesia de Dios comenzó a adquirir mayor proyección con la llegada de su primer misionero a las Islas Bahamas. Este acontecimiento representó un paso significativo en el proceso de expansión del movimiento más allá de los Estados Unidos.

(Pilares de Pentecostes del Centro Histórico Dixon de la Iglesia de Dios, describe este acontecimiento: 

"...Edmond y Rebecca Barr llegaron a Nassau en noviembre de 1909 y comenzaron a predicar. Como ministra estadounidense en otra cultura, Rebecca se convirtió en la primera misionera de la Iglesia de Dios. Los Evans, junto con Carl M. Padgett, se unieron a ellos el 4 de enero de 1910. Su colaboración reflejaba el crecimiento de la Iglesia de Dios: ministros hombres y mujeres; una organización multinacional, con ciudadanos de Estados Unidos y las Bahamas; multirracial, con personas de ascendencia europea y africana; y multigeneracional, con participantes maduros y jóvenes.

Wilmore V. Eneas y su esposa, Arabella, fueron de los primeros en unirse a la Iglesia de Dios en las Bahamas. Arabella, que padecía una enfermedad prolongada, estaba sentada en el porche de su casa en Meadow Street, en la comunidad de Bain Town, en Nassau, cuando oyó predicar en la esquina de la calle. Era un mensaje desconocido, por lo que invitó a los ministros a entrar a su casa para hablar. Estos aceptaron su invitación y le ofrecieron imponerle las manos para orar por su sanidad. Aunque al principio Wilmore no estaba seguro del pentecostalismo, no podía dudar del cambio en la vida de Arabella. La casa de los Eneas se convirtió en un centro de ministerio en Bain Town, hasta que Wilmore pudo conseguir un lugar para que se reuniera la congregación emergente.

Cuando los Evans y los Barr regresaron a Florida, W. V. Eneas se había convertido en el líder local de la Iglesia de Dios. En 1915, dirigió la construcción de un lugar de adoración con techo de paja llamado «El Campamento». Alrededor de 1918, la congregación pudo construir una iglesia de madera más adecuada. Ridiculizando su adoración ferviente y entusiasta, los habitantes del pueblo llamaban a los pentecostales «saltadores» y a la Iglesia de Dios «la esquina de los saltadores de Eneas». Wilmore se convirtió en el primer obispo negro de la Iglesia de Dios en las Bahamas

Posteriormente, el interés por llevar el mensaje pentecostal a nuevos territorios abrió las puertas para el establecimiento de obras misioneras en América Latina, una región que llegaría a ocupar un lugar importante en el desarrollo histórico de la Iglesia".

1931-1932: LOS PRIMEROS PASOS EN AMÉRICA LATINA

En 1931 comenzaron a concretarse importantes esfuerzos misioneros en territorio latinoamericano. El reverendo James H. Ingram, quien entonces supervisaba las iglesias de los estados de Arizona y California, comisionó a la hermana Maria W. Atkinson para iniciar el trabajo misionero en el estado de Sonora, al norte de México.

Maria W. Atkinson

      

Este esfuerzo constituyó uno de los antecedentes del establecimiento de la Iglesia de Dios en América Latina.

En 1932 se organizó formalmente la primera congregación de la Iglesia de Dios en la región, con 41 miembros y tres predicadores nativos. David Burgos fue el primer pastor de aquella congregación pionera.

A partir de entonces, el trabajo misionero comenzó a extenderse progresivamente. El reverendo Ingram y otros misioneros recorrieron distintos territorios, establecieron relaciones ministeriales, promovieron la formación de líderes locales y contribuyeron a la fundación de nuevas congregaciones.

Rev. J.H.Ingram

Aquellos primeros esfuerzos exigieron sacrificio, perseverancia y una profunda convicción espiritual. Los recursos eran limitados y los desafíos numerosos, pero la visión de alcanzar a las naciones mantuvo vivo el impulso de la obra.

La historia de las misiones nos recuerda que las grandes obras suelen comenzar con pequeños grupos de creyentes dispuestos a obedecer el llamado de Dios.



LA EXPANSIÓN DE LA IGLESIA DE DIOS EN AMÉRICA LATINA

Con el paso de los años, el trabajo de los misioneros y de los primeros líderes nacionales contribuyó al establecimiento de la Iglesia de Dios en numerosos países latinoamericanos.

Cada nueva obra representó una oportunidad para predicar el evangelio, formar discípulos, capacitar ministros y establecer comunidades de fe comprometidas con las necesidades espirituales y sociales de sus pueblos.

De acuerdo con la cronología histórica que sirve de base a esta reseña, se presenta la siguiente relación de países y años de inicio de la obra:

  • México: 1932.

  • Guatemala: 1934.

  • Costa Rica: 1935.

  • Panamá: 1935.

  • Argentina: 1940.

  • El Salvador: 1940.

  • Honduras: 1944.

  • Uruguay: 1945.

  • Perú: 1947.

  • Nicaragua: 1950.

  • Brasil: 1951.

  • Chile: 1954.

  • Colombia: 1954.

  • Paraguay: 1954.

  • Bolivia: 1960.

  • Venezuela: 1966.

  • Ecuador: 1971.

Esta relación permite apreciar la progresiva expansión geográfica de la obra misionera y el esfuerzo de quienes contribuyeron a establecer congregaciones en diferentes contextos culturales y nacionales.

Detrás de cada fecha hay historias de fe, familias comprometidas, predicadores que recorrieron largas distancias, iglesias que abrieron sus puertas y creyentes que hicieron de la Gran Comisión una responsabilidad permanente.

El crecimiento de la Iglesia de Dios en América Latina es, por tanto, el resultado de una labor colectiva en la que han participado misioneros internacionales, pastores nacionales, evangelistas, maestros, líderes y congregaciones enteras.

EL DESARROLLO DE LA ESTRUCTURA MISIONERA LATINOAMERICANA

                                                                   Vessie D Hargrave

En 1945, el reverendo Vessie D. Hargrave fue nombrado primer superintendente de la Iglesia de Dios para América Latina, de acuerdo con los antecedentes históricos aquí recopilados.

En su gestión fue gran impulsor de que la Iglesia de Dios contara con un libro de Alabanzas a Dios (partituras y letras), el cual dió origen al himnario oficial Rayos de Esperanza.

              

Conforme avanzó la obra, las necesidades de supervisión, organización y acompañamiento ministerial hicieron necesario establecer diferentes estructuras administrativas para atender el crecimiento de las congregaciones y fortalecer el trabajo en cada región.

En determinados períodos, algunas superintendencias respondieron directamente al Departamento de Misiones Mundiales, mientras que en otros se establecieron estructuras regionales para facilitar la coordinación de los esfuerzos evangelísticos y administrativos.

Entre estas iniciativas se encuentra BRACAMEX, una dirección de campo que agrupaba las superintendencias de Brasil, Centroamérica y México. Sin embargo, esta estructura no comprendía la totalidad de los países hispanoamericanos de Sudamérica.

Estas distintas etapas reflejan los esfuerzos de la organización por responder a las necesidades de una obra que continuaba creciendo y que requería mecanismos de coordinación cada vez más amplios.

2010: UN NUEVO IMPULSO HACIA LA INTEGRACIÓN REGIONAL

En 2010, el Departamento de Misiones Mundiales designó al doctor David E. Ramírez como director de campo para América Latina, con el propósito de integrar y coordinar los esfuerzos de las distintas superintendencias de la región.

El doctor Ramírez había dirigido la Superintendencia de Sudamérica entre 2008 y 2010. Su designación representó una etapa importante en la búsqueda de una mayor articulación entre los diferentes territorios y en la consolidación de una visión misionera compartida.

Posteriormente, a mediados de 2016, durante la Asamblea General de la Iglesia de Dios, el doctor Otoniel Collins, quien había desarrollado una amplia trayectoria como misionero y superintendente de Centroamérica, fue nombrado director de campo de la Iglesia de Dios para América Latina.

Su nombramiento estuvo vinculado con el propósito de fortalecer la integración regional y avanzar en los objetivos de la visión 20-20/6R, promoviendo una participación más articulada de los países latinoamericanos en el cumplimiento de la misión global de la Iglesia.

Estos procesos de reorganización y liderazgo forman parte de una historia que continúa escribiéndose. La estructura administrativa puede transformarse para responder a nuevas necesidades, pero la responsabilidad fundamental permanece: anunciar a Jesucristo, formar discípulos y llevar el evangelio a todas las naciones.

SIGAMOS AVANZANDO: 

EL COMPROMISO DE LAS NUEVAS GENERACIONES

Al mirar retrospectivamente esta trayectoria, encontramos un legado que merece ser conocido, valorado y transmitido a las generaciones venideras.

Los pioneros abrieron caminos; los misioneros cruzaron fronteras; los primeros pastores establecieron congregaciones; y miles de creyentes han sostenido la obra mediante sus oraciones, su servicio, sus ofrendas y su compromiso con el evangelio.

Hoy, la responsabilidad de continuar esa historia recae también sobre las nuevas generaciones de ministros, líderes y miembros de la Iglesia de Dios.

La memoria histórica no debe conducirnos únicamente a recordar lo que otros hicieron, sino también a reconocer el llamado que tenemos en el presente.

La historia nos inspira, la fe nos sostiene y la misión nos impulsa a seguir adelante.

A las puertas de nuevas etapas en el desarrollo de la obra latinoamericana, cobra especial significado la exhortación que ha acompañado este proceso de avance: ¡Sigamos avanzando!

Avanzar significa conservar la fidelidad a las Escrituras, fortalecer la formación ministerial, impulsar la evangelización, desarrollar nuevos liderazgos y mantener vivo el compromiso de alcanzar a quienes todavía necesitan escuchar el mensaje de salvación.

El legado de los pioneros no es solamente una herencia que debemos honrar; es una responsabilidad que debemos asumir.

COSTA RICA: 

UNA HISTORIA MISIONERA QUE COMENZÓ EN 1935

Conozcamos los orígenes de la Iglesia de Dios en Costa Rica

Dentro de esta amplia historia de expansión misionera, Costa Rica ocupa un lugar significativo por haber sido uno de los primeros países de Centroamérica en recibir el mensaje de la Iglesia de Dios.

El año 1935 constituye una fecha fundamental en la memoria histórica de la Iglesia de Dios en Costa Rica. Desde entonces, el desarrollo de la obra nacional se vincula con una historia de predicación, servicio, establecimiento de congregaciones y formación de generaciones de creyentes.

Para comprender los orígenes de esta trayectoria, es necesario situarnos en el contexto de los primeros esfuerzos de expansión internacional de la Iglesia de Dios y del impulso que se procuró dar al trabajo misionero durante las primeras décadas del siglo XX.

En el marco de las conmemoraciones por los cincuenta años de la Iglesia de Dios a nivel internacional, se promovió el fortalecimiento de la labor misionera y se declaró el «Jubileo de Oro para América Latina», según la referencia publicada en Church of God Evangel, el 31 de agosto de 1935.

                              

                                               Jubileo de Oro para América Latina

Este antecedente permite situar el desarrollo de las misiones latinoamericanas dentro de una etapa de especial interés por la expansión del evangelio y el establecimiento de nuevas obras.

Costa Rica formó parte de ese movimiento histórico. La llegada y el desarrollo de la Iglesia de Dios en nuestro país dieron inicio a una trayectoria que, a lo largo de las décadas, involucraría a hombres y mujeres comprometidos con la proclamación del evangelio y el servicio a sus comunidades.

Al recordar esta historia, reconocemos el valor de quienes participaron en aquellos primeros esfuerzos y la importancia de conservar su legado para las generaciones actuales.

Desde aquellos primeros pasos en 1935 hasta la Iglesia que hoy conocemos, cada etapa representa una oportunidad para agradecer, aprender y renovar nuestro compromiso con la misión que Jesucristo encomendó a su Iglesia.

La historia continúa. El llamado permanece. Y la responsabilidad de llevar el evangelio a las nuevas generaciones sigue vigente.

Iglesia de Dios en Costa Rica: honramos nuestro legado, vivimos nuestra misión y seguimos avanzando en fe.


El ministerio del Reverendo Ingram, dejó huella en América Latina, se extendió por muchos países alrededor del mundo, es así que sus viajes fueron constantes a México, Guatemala, El Salvador, Panamá y Costa Rica. 

VER: 
https://historiaiglesiadedioscostarica.blogspot.com/2021/01/j-h-ingram-un-hombre-apasionado-por-las.html

Destacamos el periodo en el cual tuvo participación en Costa Rica:

- SUPERVISA EL TRABAJO EN COSTA RICA (Pate del Jubileo de Oro)

1935 – 1938 (…)

1954 – se retira (…)

(http://www.sebime.com.mx/historia/bios/ingram.html


Reverendo J. H. Ingram: Apasionado por las misiones.

EL REVERENDO INGRAM CONOCE A LA HERMANA ROSEBELLE DANDE...ES ASI QUE INICIA EL TRABAJO DE LA IGLESIA DE DIOS EN COSTA RICA.

Hermana Rosebelle Dandie, pionera de la Iglesia de Dios en Costa Rica

 

LAS PRIMERAS SEMILLAS DEL EVANGELIO PENTECOSTAL EN COSTA RICA

Un legado de fe, sacrificio y pasión misionera (1935-1938)

Entre los años 1935 y 1938, el hermano J. H. Ingram, un hombre profundamente comprometido con la obra misionera, llegó a Costa Rica como parte de la denominada «Gira del Jubileo de Oro», una iniciativa impulsada por la Iglesia de Dios con el propósito de fortalecer las misiones establecidas y extender el alcance del evangelio.

Sin embargo, al volver la mirada hacia aquellos primeros años, descubrimos que la historia de la obra pentecostal en nuestro país tiene raíces que merecen ser recordadas con gratitud y reverencia. Antes de que la presencia de la Iglesia de Dios se consolidara formalmente en Costa Rica, ya había una mujer que, movida por su fe y su pasión por Cristo, había comenzado a sembrar la preciosa semilla del evangelio.

La hermana Dandie: una mujer, una misión y una fe inquebrantable

Es importante señalar que los primeros esfuerzos misioneros en esta región no surgieron propiamente como una obra organizada de la Iglesia de Dios, sino que estuvieron vinculados al trabajo perseverante de una hermana afrodescendiente, conocida cariñosamente como «la hermana Dandie».

Su labor comenzó en uno de los barrios aledaños a Puerto Limón, hoy conocido como barrio Cristóbal Colón. En aquella época, el inglés era el idioma predominante en muchas comunidades de la zona, por lo que la hermana Dandie predicaba en esa lengua, llevando el mensaje de salvación a quienes necesitaban escuchar las buenas nuevas de Jesucristo.

¡Cuánto valor encierra el testimonio de una mujer que, en medio de las limitaciones de su tiempo, decidió responder al llamado de Dios! Su nombre permanece unido a una etapa fundamental de nuestra memoria histórica, recordándonos que las grandes obras misioneras muchas veces comienzan con personas que, sin grandes recursos ni reconocimiento público, se atreven a creer, servir y perseverar.

No ha sido posible precisar con exactitud la fecha en que inició su labor como predicadora pentecostal. No obstante, sabemos que su ministerio se desarrolló en una época particularmente difícil para Costa Rica, marcada por las dificultades económicas de la década de 1930, que afectaron especialmente a numerosos sectores de la población afrodescendiente.

En medio de aquella realidad, la hermana Dandie continuó su labor evangelizadora, demostrando que las circunstancias adversas no pueden apagar la pasión de un corazón comprometido con la misión de Dios.

De Limón a Siquirres: el evangelio avanzaba por los caminos de la fe

Hacia finales de aquella década, la labor misionera de la hermana Dandie se extendía por diferentes comunidades entre Limón, Siquirres y los sectores de la Línea Vieja, en un recorrido de aproximadamente 100 kilómetros. Esta región comprendía territorios vinculados con lo que hoy conocemos como la zona de Guápiles.

Imaginemos por un momento aquellos caminos, las distancias que debían recorrerse, las limitaciones de transporte y los desafíos de predicar el evangelio en comunidades donde la obra apenas comenzaba a echar raíces. No existían las facilidades de comunicación de nuestros días ni los recursos con los que hoy cuentan muchas congregaciones. Sin embargo, había algo que sostenía aquella labor: la fe en Dios, el amor por las almas y la convicción de que el evangelio debía llegar más allá de las fronteras conocidas.

De acuerdo con los datos históricos disponibles, se estima que durante ese período la hermana Dandie contribuyó al establecimiento de entre cuatro y cinco congregaciones. Cada una de ellas representaba mucho más que un lugar de reunión: era una puerta abierta para la predicación, un espacio para la comunión cristiana y una nueva oportunidad para que otras personas conocieran el mensaje transformador de Jesucristo.

Una memoria que inspira a las nuevas generaciones

Hoy, al recordar aquellos primeros pasos, no podemos menos que sentir nostalgia y gratitud. Nostalgia por aquellos hombres y mujeres que caminaron antes que nosotros, enfrentando desafíos que quizá nunca lleguemos a comprender plenamente; y gratitud porque, mediante su servicio, contribuyeron a preparar el camino para las generaciones que vendrían después.

La historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica no debe contarse únicamente a partir de sus fechas, sus instituciones o sus acontecimientos más destacados. También debe honrar a quienes, con sencillez y perseverancia, sembraron las primeras semillas, abrieron caminos y trabajaron confiando en que Dios daría el crecimiento.

El testimonio de la hermana Dandie nos recuerda que la obra misionera no comienza necesariamente con grandes estructuras, sino con corazones dispuestos a obedecer el llamado del Señor. Antes de que existieran congregaciones consolidadas, hubo oración; antes de que se levantaran templos, hubo personas que compartieron el evangelio; y antes de que pudiéramos hablar de una obra extendida por el territorio nacional, hubo siervos y siervas que se atrevieron a dar los primeros pasos.

Al evocar el período de 1935 a 1938 y la llegada del hermano J. H. Ingram en el contexto de la Gira del Jubileo de Oro, reconocemos una etapa significativa en el desarrollo de la obra misionera pentecostal en Costa Rica. Al mismo tiempo, rendimos homenaje a quienes, como la hermana Dandie, dedicaron sus esfuerzos a llevar el mensaje de Cristo a nuevas comunidades.

Su historia nos invita a mirar hacia atrás con gratitud, vivir el presente con compromiso y avanzar hacia el futuro con una renovada pasión por las misiones.

Porque el legado de los pioneros no se conserva únicamente en los libros de historia: permanece vivo cada vez que una iglesia anuncia el evangelio, cada vez que un misionero responde al llamado de Dios y cada vez que una nueva generación comprende que la misión todavía continúa.

¡La obra que comenzó con semillas de fe sigue llamada a producir frutos para la gloria de Dios!

Memoria histórica de la Iglesia de Dios en Costa Rica.

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1935: EL ENCUENTRO QUE MARCÓ EL INICIO DE UNA HISTORIA DE FE MISIONERA EN COSTA RICA

J. H. Ingram y Rosebelle Dandie: dos vidas unidas por una misma misión

Hay fechas que no solo marcan el paso del tiempo, sino que permanecen grabadas en la memoria de una iglesia porque nos recuerdan cómo Dios, en su soberanía, abre caminos para que el evangelio llegue a nuevas tierras. Junio de 1935 ocupa un lugar especial en la historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica, pues fue durante aquel período cuando el reverendo J. H. Ingram llegó a nuestro país y tuvo un encuentro que marcaría el rumbo de la obra pentecostal en territorio costarricense.

La llegada de Ingram no fue simplemente una visita misionera más. En medio de sus recorridos y de los propósitos que lo habían traído a Centroamérica, encontró en Puerto Limón una pequeña comunidad de creyentes que, a pesar de su pobreza, las dificultades sociales y la persecución por su testimonio pentecostal, permanecía firme en su fe.

Allí estaba la hermana Rosebelle Dandie, una mujer de origen jamaicano que ya había experimentado el bautismo en el Espíritu Santo en 1927, cuando pertenecía al Ejército de Salvación. Su historia nos recuerda que, mucho antes de que la obra estuviera organizada formalmente bajo el nombre de la Iglesia de Dios, el mensaje pentecostal ya había comenzado a echar raíces en suelo costarricense.

¡Qué significativo resulta volver la mirada hacia aquellos días! No había grandes templos ni estructuras ministeriales consolidadas. Había, más bien, un pequeño grupo de hombres y mujeres que, en medio de circunstancias adversas, habían abrazado la fe y perseveraban en su testimonio cristiano.

Eran, en su mayoría, inmigrantes afrodescendientes procedentes de Jamaica, de habla inglesa, que vivían en una región donde las diferencias lingüísticas y las condiciones económicas representaban grandes desafíos. Su realidad contrastaba con la de otros grupos que el misionero había conocido en sus recorridos. Sin embargo, aquella pequeña congregación poseía una riqueza que no podía medirse en términos materiales: una fe viva, una experiencia espiritual profunda y una pasión por compartir el evangelio.

UN TESTIMONIO DE SOLIDARIDAD EN MEDIO DE LA ADVERSIDAD

Uno de los aspectos más conmovedores de este relato histórico es el testimonio de solidaridad que rodeaba a aquellos creyentes.

Según las referencias históricas citadas en la documentación de la época, un próspero propietario de una plantación bananera había financiado, en 1933, la construcción de una iglesia. También había facilitado la construcción de tres pequeñas viviendas para miembros que habían sido destituidos, además de adquirir terrenos para que los creyentes más necesitados pudieran cultivar y obtener sustento.

Este detalle nos permite comprender mejor el contexto en el que surgió aquella congregación. La fe de los primeros creyentes no se limitaba a sus reuniones de adoración: también se manifestaba en la solidaridad, el cuidado mutuo y la búsqueda de alternativas para sobrevivir en tiempos difíciles.

En aquella realidad, servir a Cristo podía tener un costo elevado. La persecución y el rechazo social hacían más difícil la vida de quienes abrazaban la experiencia pentecostal. Algunos enfrentaban la pérdida de sus medios de subsistencia, mientras otros necesitaban apoyo para reconstruir sus vidas.

Pero la adversidad no consiguió borrar su testimonio.

La historia nos recuerda que la obra de Dios muchas veces avanza gracias a personas que deciden permanecer fieles cuando las circunstancias invitan a rendirse. Aquellos creyentes no sabían hasta dónde llegaría la obra que estaban viendo nacer. No podían imaginar las generaciones de pastores, evangelistas, misioneros, maestros y líderes que, décadas después, continuarían proclamando el evangelio en Costa Rica.

Ellos simplemente creyeron, perseveraron y siguieron adelante.

EL ENCUENTRO ENTRE INGRAM Y DANDIE: UNA PUERTA ABIERTA PARA LA MISIÓN

De acuerdo con el relato de Peggy Humphrey en su obra biográfica sobre J. H. Ingram, "...el recorrido del misionero por Costa Rica incluyó contactos en San José y Cartago antes de continuar hacia Puerto Limón. En este itinerario se mencionan también encuentros con personas vinculadas a la obra evangélica y pentecostal en Centroamérica".

Al llegar a Limón, Ingram encontró a un grupo de creyentes cuya experiencia espiritual y perseverancia llamaron poderosamente su atención. Rosebelle Dandie había compartido su fe con otras personas y había orado por un predicador local de la Iglesia Anglicana, quien también recibió la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo.

                                                       Rosebelle Dandie y J H Ingram


La obra estaba comenzando a extenderse.

"...Después de predicar durante una semana, Ingram organizó una congregación con catorce miembros y tres predicadores", según el testimonio histórico citado por Humphrey.

14 creyentes y tres predicadores: una pequeña comunidad que representaba el comienzo de una nueva etapa en la historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica.

No eran multitudes, pero eran personas dispuestas a servir. No contaban con grandes recursos, pero tenían el deseo de compartir el mensaje de Jesucristo. No tenían resueltos todos los desafíos que les aguardaban, pero estaban dando los primeros pasos hacia la consolidación de una obra que habría de desarrollarse con el paso de los años.

Por razones lingüísticas y por su conocimiento de aquella comunidad, la hermana Dandie permaneció al frente del grupo. Sin embargo, pronto se hizo evidente la necesidad de contar con un misionero que hablara español y pudiera contribuir a extender el trabajo entre otras comunidades del país.

La misión debía continuar avanzando.

EL NACIMIENTO DE LA IGLESIA DE DIOS EN COSTA RICA



Es precisamente en el contexto de aquel encuentro entre el reverendo J. H. Ingram y la hermana Rosebelle Dandie donde debemos situar uno de los acontecimientos más significativos de nuestra memoria histórica: la organización de la Iglesia de Dios en Costa Rica.

En sus primeros años, la institución fue conocida sencillamente como Iglesia de Dios, denominación que identificaba su vínculo con el movimiento internacional al que pertenecía.

Tal como lo hemos señalado al inicio de esta reseña histórica, originalmente nuestra institución religiosa fue conocida sencillamente como Iglesia de Dios, nombre con el que se identificaba la obra en sus primeros años.

Sin embargo, con el paso del tiempo, cuando se realizaron los trámites para obtener la personería jurídica, se hizo necesario distinguirla de otras organizaciones religiosas que también utilizaban el nombre de Iglesia de Dios, entre ellas la Iglesia de Dios Mundial, la Iglesia de Dios de la Profecía, la Iglesia de Dios de Anderson, Indiana, y la Iglesia de Dios del Sétimo Día, entre otras denominaciones.

Asimismo, en este proceso histórico se encuentra la relación con una agrupación identificada como Evangelio Completo en Africa, la cual se afilió a nuestra iglesia, cuyos antecedentes contribuyeron a la adopción del nombre con el que posteriormente se conocería nuestra organización: Iglesia de Dios Evangelio Completo.

Detrás de este nombre existe una historia que merece ser conocida, preservada y transmitida a las nuevas generaciones. Es parte de nuestras raíces, de la identidad que hemos construido a través de los años y del legado de aquellos hombres y mujeres que, con fe, sacrificio y compromiso misionero, contribuyeron al establecimiento y desarrollo de la obra en Costa Rica.

Conocer nuestra historia es honrar a nuestros pioneros, valorar el camino recorrido y comprender mejor la responsabilidad que tenemos de continuar anunciando el evangelio de Jesucristo.

¡Somos una Iglesia en marcha, agradecida por su pasado, comprometida con su presente y llena de esperanza por lo que Dios hará en el futuro!

«Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe». — Hebreos 13:7.

Con el paso del tiempo, y particularmente al realizarse los trámites de reconocimiento jurídico, surgió la necesidad de distinguirla de otras organizaciones religiosas que utilizaban nombres similares. A esto se sumó la incorporación de un grupo identificado como «Evangelio Completo», circunstancia relacionada con la denominación que posteriormente se consolidaría como Iglesia de Dios Evangelio Completo.

Este proceso forma parte de una historia institucional que merece estudiarse con detenimiento, pues los nombres también guardan memoria de las circunstancias, las decisiones y los acontecimientos que acompañaron el desarrollo de una organización religiosa.

Sin embargo, más allá de las denominaciones y los trámites legales, hay una verdad histórica que debemos conservar: antes de que existiera una estructura plenamente establecida, hubo creyentes que prepararon el camino con su testimonio, su servicio y su perseverancia.

La organización formal no debe hacernos olvidar a quienes estuvieron presentes en los primeros momentos. Recordar a la hermana Dandie es reconocer la importancia de aquella labor pionera que antecedió y acompañó la consolidación institucional de la obra.

Recordar al reverendo Ingram es reconocer el compromiso misionero que contribuyó a vincular aquella pequeña comunidad con la Iglesia de Dios y con una visión de evangelización que trascendía las fronteras nacionales.

Ambas historias se encuentran en un mismo punto: la convicción de que el evangelio debía ser anunciado y que la misión de la Iglesia no podía detenerse ante las dificultades.

UN LEGADO QUE NOS COMPROMETE CON EL FUTURO

Hoy, al recordar aquellos acontecimientos de 1935, nuestro corazón se llena de gratitud y nostalgia.

Nostalgia por aquellos primeros días, cuando la obra apenas comenzaba a tomar forma y cada avance representaba una victoria de la fe. Gratitud por los hombres y las mujeres que aceptaron el desafío de servir al Señor sin conocer plenamente el alcance que tendría su esfuerzo.

Pensar en la hermana Rosebelle Dandie es pensar en tantas mujeres que, a lo largo de la historia de la Iglesia, han servido con entrega, valentía y perseverancia, aun cuando sus nombres no siempre han recibido el reconocimiento que merecen.

Pensar en J. H. Ingram es recordar a los misioneros que recorrieron caminos desconocidos, cruzaron fronteras y respondieron al llamado de llevar el mensaje de Cristo a nuevas comunidades.

Y pensar en aquellos 14 miembros y 3 predicadores es comprender que una gran historia puede comenzar con un grupo pequeño, siempre que exista disposición para servir y fidelidad al propósito de Dios.

Hoy somos herederos de una historia que comenzó con sacrificio, se sostuvo mediante la fe y se extendió gracias al compromiso de quienes comprendieron que la misión debía continuar.

Por eso, recordar a nuestros pioneros no es únicamente volver la mirada al pasado. Es asumir la responsabilidad de mantener vivo su legado, fortalecer nuestras congregaciones, preparar a las nuevas generaciones y continuar llevando el evangelio a quienes todavía necesitan escucharlo.

Que nunca perdamos la memoria de aquellos primeros pasos. Que no olvidemos el precio que otros pagaron para abrir caminos que hoy podemos transitar. Y que la historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica siga inspirándonos a servir con pasión, a trabajar con perseverancia y a mantener nuestra mirada puesta en la misión que el Señor ha encomendado a su Iglesia.

Porque los años pasan, las generaciones cambian y las circunstancias se transforman, pero el llamado a anunciar a Jesucristo continúa vigente.

Desde aquel pequeño grupo de creyentes en Puerto Limón hasta las congregaciones que hoy proclaman el evangelio en Costa Rica, la historia nos recuerda que cada generación tiene una responsabilidad: recibir el legado, honrar a quienes nos precedieron y continuar la misión.

¡Que el sacrificio de nuestros pioneros nunca sea olvidado y que su ejemplo siga inspirando a quienes hoy y mañana servirán en la obra del Señor!

¡La historia continúa, la misión sigue adelante y el evangelio aún debe alcanzar nuevos corazones!

Iglesia de Dios en Costa Rica: honrando nuestro legado, fortaleciendo nuestra identidad y avanzando en la misión.

                                                          Somos una iglesia en marcha!

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Junio de 1935: Un encuentro providencial que marcaría la historia

Si podemos precisar la fecha de la llegada del reverendo J. H. Ingram a Costa Rica, esta fue en junio de 1935. Su visita a la zona de Limón tenía como propósito conocer las plantaciones bananeras; sin embargo, la providencia divina le tenía preparada una sorpresa que trascendería sus expectativas. En aquella región encontró algo mucho más significativo que los campos de banano: un pequeño grupo de creyentes que, a pesar de las dificultades, permanecía firme en su fe y lleno del Espíritu Santo. Aquel encuentro, aparentemente circunstancial, se convertiría en un episodio memorable en la historia del movimiento pentecostal costarricense. (Church of God Evangel, 9 de abril de 1938).

Al frente de aquel pequeño grupo se encontraba la hermana Rosebelle Dandie, una mujer de profunda convicción espiritual que había pertenecido al Ejército de Salvación y que había experimentado el bautismo en el Espíritu Santo en 1927. Su testimonio constituye un valioso recordatorio del compromiso de aquellos creyentes que, mucho antes de que la obra alcanzara reconocimiento y crecimiento, ya vivían con pasión y determinación su fe pentecostal. (Church of God, 31 de agosto de 1935, p. 8).

A diferencia de otros grupos que el reverendo Ingram había conocido en la ciudad, aquella congregación se distinguía por su profunda pobreza y por las difíciles circunstancias que enfrentaba. Sus integrantes padecían persecución a causa de su testimonio pentecostal; sin embargo, las limitaciones materiales y la oposición no habían logrado apagar la llama de su fe. Eran inmigrantes negros procedentes de Jamaica, de habla inglesa, que vivían en un entorno predominantemente hispanohablante. Su realidad social, cultural y económica representaba grandes desafíos, pero su convicción espiritual los mantenía unidos en el propósito de servir al Señor. (Conn, Where the Saints Have Trod, p. 151).

¡Qué imagen tan conmovedora nos ofrece la historia! Un pequeño grupo de creyentes, sin grandes recursos ni reconocimiento público, pero con una fe que no estaba dispuesta a rendirse. Aquellos hermanos y hermanas no podían imaginar la dimensión que alcanzaría la obra en los años venideros; sin embargo, permanecían firmes, sosteniendo con su testimonio una llama espiritual que habría de iluminar a nuevas generaciones.

Al volver la mirada hacia aquellos días, comprendemos que la historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica no comenzó con grandes edificios ni con multitudes congregadas, sino con vidas consagradas, corazones encendidos por el Espíritu Santo y hombres y mujeres dispuestos a perseverar aun en medio de la adversidad.

Los pioneros no tenían grandes riquezas materiales, pero poseían una convicción que las dificultades no pudieron extinguir. Su legado nos recuerda que la obra de Dios avanza cuando hay creyentes dispuestos a permanecer fieles, aun cuando el camino sea difícil y los recursos parezcan insuficientes.

Hoy, al recordar aquellos primeros pasos, renovamos nuestra gratitud por quienes nos precedieron y nuestra responsabilidad de continuar la misión que recibimos. La historia nos inspira, el legado nos compromete y la fe nos impulsa a seguir adelante.

¡Somos una Iglesia en marcha! Una Iglesia que honra sus raíces, reconoce el sacrificio de sus pioneros y avanza con la firme convicción de que todavía hay mucho por hacer para la gloria de Dios.

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Uno de los aspectos que más impresionó al reverendo J. H. Ingram fue el gesto solidario y generoso de un próspero propietario de una plantación bananera, quien en el año 1933 había demostrado, mediante acciones concretas, su compromiso con aquellos creyentes que enfrentaban dificultades por causa de su testimonio pentecostal.

Este hombre no se limitó a observar las necesidades de aquella pequeña congregación, sino que decidió convertirse en un instrumento de ayuda. Financió la construcción de una iglesia y proporcionó los recursos para edificar tres pequeñas casas destinadas a los miembros que habían sido destituidos. Además, adquirió terrenos para que los hermanos más pobres de la congregación pudieran cultivar la tierra y obtener de ella el sustento necesario para sus familias. (Church of God Evangel, 31 de agosto de 1935, p. 152).

¡Qué testimonio tan significativo de solidaridad cristiana y compromiso con la obra de Dios! En medio de las limitaciones económicas y las dificultades sociales, aquella expresión de generosidad permitió que los creyentes encontraran no solamente un lugar para congregarse, sino también oportunidades para reconstruir sus vidas y sostener a sus familias.

Este episodio nos recuerda que la misión de la Iglesia trasciende las paredes de un templo. Evangelizar también significa extender la mano al necesitado, acompañar al que sufre y procurar que el amor de Cristo se manifieste mediante acciones concretas. La fe genuina no permanece indiferente ante el dolor humano; responde con compasión, servicio y generosidad.

Al recordar estos acontecimientos de nuestros primeros años, reconocemos que la historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica también se escribió mediante gestos de solidaridad, sacrificio y compromiso cristiano. La obra misionera requiere corazones dispuestos, manos generosas y una convicción firme de que servir al prójimo es también servir al Señor.

Que el ejemplo de quienes contribuyeron a sostener a aquellos primeros creyentes nos inspire a continuar avanzando, con una visión misionera renovada y la determinación de llevar el evangelio a cada comunidad, sin olvidar las necesidades de las personas a quienes somos llamados a servir.

¡Una Iglesia en marcha es una Iglesia que predica, sirve, acompaña y transforma vidas para la gloria de Dios!

Al respecto, Peggy Humphrey, al describir el viaje misionero de J. H. Ingram por Centroamérica, relata lo siguiente:

«Después de aterrizar, ellos continuaron hasta la capital, San José, donde estuvieron por una semana. Ingram hizo contactos misioneros, mientras que su amigo hizo contactos de negocios. Aquí Ingram se reunió con Joaquín Vela, un destacado evangelista guatemalteco. Su próxima parada fue en Cartago, donde Ingram hizo contacto con Amos Bradley, un pionero de la misión Santidad Pentecostal en Centroamérica.

Cuando ellos llegaron a Puerto Limón, Ingram pudo comprender que el Espíritu Santo había sido su guía. Una mujer del Ejército de Salvación, Rosabelle Dandie, había recibido el bautismo en el Espíritu Santo. Ella entonces fue a un lector laico y predicador local de la Iglesia Anglicana y oró por él. Él igualmente recibió el Espíritu Santo. El trabajo estaba empezando. Después de predicar por una semana, Ingram organizó una iglesia con catorce miembros y tres predicadores, la mayor parte de los cuales eran personas que hablaban inglés y que habían emigrado de Jamaica» (Peggy Humphrey, J. H. Ingram: Missionary Dean, Missionary Series, publicada bajo los auspicios de Church of God World Missions [Cleveland, Tennessee: Pathway Press, 1966], 73-74).

 De acuerdo con la información presentada, es posible deducir que Ingram tuvo que haber visitado Costa Rica antes de llegar a Panamá el 22 de junio. Este dato permite situar su primera visita misionera a Costa Rica en el contexto de sus recorridos por Centroamérica y reconstruir, a partir de las fuentes disponibles, los primeros acontecimientos relacionados con el establecimiento de la Iglesia de Dios en el país.

Lo anterior nos permite destacar que el encuentro entre J. H. Ingram y Rosabelle Dandie, en 1935, constituyó un momento significativo para el desarrollo de la obra pentecostal en Costa Rica. Cuando Ingram visitó por primera vez el país, se dirigió a Puerto Limón, donde encontró un pequeño grupo de creyentes pentecostales de habla inglesa. Este grupo era liderado por Rosabelle Dandie, una mujer jamaicana cuya experiencia espiritual y compromiso con la fe cristiana habían contribuido al surgimiento de aquella comunidad.

Desde una perspectiva misionera, este acontecimiento reviste especial importancia. La llegada de Ingram no significó simplemente la incorporación de 14 personas a una organización religiosa; representó también el reconocimiento de una obra que ya había comenzado a gestarse mediante el testimonio, la oración y la labor evangelizadora de creyentes que, aun sin contar con una estructura institucional consolidada, habían abierto camino al mensaje pentecostal en suelo costarricense.

En ese contexto, Ingram incorporó a los catorce creyentes a la membresía de la Iglesia de Dios, y Rosabelle Dandie quedó a cargo del grupo. La barrera idiomática representaba un desafío importante, pues Puerto Limón se caracterizaba por la presencia de comunidades anglófonas y de diversas lenguas de origen caribeño. Esta realidad puso de manifiesto la necesidad de contar con un misionero de habla española que pudiera contribuir a la expansión de la obra hacia otros sectores de la población costarricense. Así, la necesidad lingüística se convirtió en un asunto estratégico para el crecimiento y la consolidación de la misión.

Fue en este contexto histórico cuando el reverendo J. H. Ingram y la hermana Rosabelle Dandie participaron en el proceso de organización de la obra que llegaría a conocerse como la Iglesia de Dios en Costa Rica. Este nombre corresponde a la denominación original con la que se identificaba la institución religiosa en sus primeros años.

Como se señaló anteriormente, en un principio la organización era conocida simplemente como «Iglesia de Dios». Sin embargo, años más tarde, al gestionar su personería jurídica, se hizo necesario distinguirla de otras agrupaciones religiosas que también estaban inscritas con nombres similares, entre ellas la Iglesia de Dios de la Profecía, la Iglesia de Dios de Anderson, Indiana, y la Iglesia de Dios del Séptimo Día, entre otras. A esta situación se sumó la adhesión de una agrupación denominada «Evangelio Completo» a la Iglesia de Dios. Estos factores contribuyeron a la adopción del nombre Iglesia de Dios Evangelio Completo, denominación con la que la institución es conocida en Costa Rica y en otros países.

En definitiva, los acontecimientos de 1935 nos recuerdan que la historia de la Iglesia de Dios en Costa Rica no comenzó únicamente con la llegada de un misionero extranjero ni con la organización formal de una congregación. Sus raíces también se encuentran en la fe, el testimonio y la iniciativa de creyentes como Rosabelle Dandie, cuya labor preparó el terreno para la consolidación de la obra. Desde esta perspectiva, el establecimiento de la Iglesia de Dios Evangelio Completo puede comprenderse como el resultado de la convergencia entre una comunidad pentecostal que ya daba sus primeros pasos, el liderazgo misionero de J. H. Ingram y la convicción de llevar el mensaje del evangelio más allá de las barreras culturales y lingüísticas.


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                                                  Vista aérea del Barrio Cieneguita, Puerto Limón, Costa Rica

 


Continuidad y desafíos de la obra misionera de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica

puede leer el enlace

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Así resume la obra Historia del protestantismo en Costa Rica los primeros años de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en el país. Para ampliar esta información, puede consultarse el siguiente enlace:

Consultar la publicación sobre la historia del protestantismo en Costa Rica

Después de la visita del reverendo J. H. Ingram, la hermana Rosabelle Dandie continuó predicando y pastoreando la congregación de Cieneguita, en Limón. Por su parte, el hermano Ingram permaneció durante algún tiempo en Costa Rica, con el propósito de cumplir los compromisos misioneros previamente establecidos.

Según los datos históricos citados, Ingram mantuvo contacto con la hermana Dandie hasta 1938. Posteriormente, durante aproximadamente quince años, la única obra de la Iglesia de Dios Evangelio Completo establecida en Costa Rica recibió la atención y el acompañamiento de supervisores procedentes de países vecinos (Conn, p. 152). Este período evidencia las dificultades que enfrentaba la consolidación de la obra misionera, particularmente por la ausencia de un liderazgo residente que pudiera atender de manera permanente las necesidades de la congregación y promover la expansión del evangelio entre la población de habla española.

Con el propósito de fortalecer la obra existente e impulsar la evangelización en español, se nombró oficialmente a un misionero latinoamericano: el hermano Noel de Sousa, de nacionalidad panameña y graduado del Instituto de Entrenamiento Pentecostal (IPI), en Houston, Texas. De Sousa asumió la responsabilidad de dar continuidad al trabajo iniciado por el reverendo J. H. Ingram y de promover una nueva etapa en el desarrollo de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica, especialmente en lo concerniente a la labor misionera en español.

Con el paso de los años, y debido a la avanzada edad de la hermana Rosabelle Dandie, según la referencia publicada en El Evangelio (julio de 1951, p. 12), se nombró a Eduardo Brenes como pastor de la congregación de Cieneguita. Posteriormente, Brenes fue sucedido por Fernando Agüero, quien permaneció en el cargo durante aproximadamente tres meses. Después de su salida, Rodrigo Granados asumió la responsabilidad pastoral. Meses más tarde, el liderazgo pasó a Rodrigo Castro y, finalmente, a Daniel Samuels, otro de los hermanos que estuvieron al frente de la congregación durante aquella etapa.

Fue durante el ministerio de Daniel Samuels cuando falleció la hermana Rosabelle Dandie, una figura fundamental en los primeros años de la presencia pentecostal vinculada a la Iglesia de Dios en Costa Rica. Su trayectoria representa el esfuerzo de aquellos creyentes que, mediante la predicación, el servicio pastoral y su compromiso con el evangelio, contribuyeron a establecer las bases de esta obra religiosa en el país.

Sin embargo, después de su fallecimiento, la congregación enfrentó una situación lamentable relacionada con la propiedad del inmueble que había servido como lugar de reunión. Según el relato histórico disponible, al no haberse formalizado legalmente el traspaso de la propiedad a nombre de la institución religiosa, los hijos de la hermana Dandie reclamaron el inmueble y retiraron los muebles, dejándolos en la vía pública. De esta manera, la Iglesia de Dios Evangelio Completo perdió una de las primeras propiedades que habían estado vinculadas a su desarrollo en Costa Rica.

Esta situación pone de manifiesto las dificultades legales y administrativas que enfrentó la iglesia durante sus primeras décadas. La falta de una personería jurídica debidamente constituida y de los procedimientos legales necesarios para asegurar la titularidad institucional de los bienes pudo haber contribuido a la pérdida de aquel inmueble. Más allá de sus consecuencias materiales, este episodio evidencia la importancia de establecer mecanismos jurídicos que protejan el patrimonio de las congregaciones y garanticen la continuidad de la obra a través de las generaciones.

A pesar de estas dificultades, la labor de pioneros como J. H. Ingram, Rosabelle Dandie y los pastores que posteriormente asumieron el liderazgo de la congregación constituye una parte significativa de la historia de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica. Su contribución permite comprender que la consolidación de una obra misionera no depende únicamente de la predicación y el crecimiento espiritual, sino también de la formación de líderes, la continuidad pastoral y el establecimiento de estructuras institucionales capaces de preservar y proyectar el legado recibido.

http://historiaiglesiadedioscostarica.blogspot.com/2015/09/rosebelle-dandie-inicia-el-trabajo-de.html



🇨🇷 COSTA RICA: MISIONES

¡Una iglesia en marcha, una misión que continúa!

Damos gracias a Dios por la vida y el legado de aquellos insignes obreros que, a lo largo de nuestra historia, han sembrado con fe, perseverancia y pasión, levantando en alto la bandera del evangelio de Jesucristo en nuestra nación. Su entrega ha dejado huellas profundas y un fundamento espiritual sobre el cual seguimos edificando, con la ayuda del Señor, la obra que nos ha sido encomendada.

¡La misión continúa y la iglesia sigue avanzando!

Hoy, la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica reconoce que hemos sido llamados no solamente a conservar lo que nuestros antecesores sembraron, sino también a extender el Reino de Dios, alcanzar nuevas generaciones y llevar el mensaje de salvación a cada comunidad. Por eso, seguimos diversificando nuestro trabajo ministerial, fortaleciendo nuestras congregaciones y buscando, día tras día, el crecimiento, la consolidación y la expansión de la obra.

Los desafíos de nuestro tiempo representan también grandes oportunidades para avanzar con fe, visión y determinación. Por esta razón, nos hemos comprometido con la Visión 20/30, renovando nuestro esfuerzo por cumplir el mandato de nuestro Señor Jesucristo:

«Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15).

En esta década de oportunidades, la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica trabaja con pasión, compromiso y mística ministerial en el fortalecimiento de sistemas, alianzas y estructuras que permitan responder con eficacia al llamado divino. Nuestro propósito es avanzar integralmente mediante el evangelismo, el discipulado, la formación y el desarrollo de líderes, la movilización misionera, la revitalización de congregaciones y la plantación de nuevas iglesias.

Asimismo, impulsamos la cooperación nacional en las áreas administrativa y ministerial, la misión urbana y el servicio social, procurando que nuestros recursos, dones y capacidades estén estratégicamente alineados con la visión que Dios ha puesto delante de nosotros. Queremos responder con pertinencia, relevancia y fidelidad a la Palabra de Dios y a la dirección del Espíritu Santo, frente a los desafíos y las oportunidades de este siglo.

Como organismo pentecostal constituido por iglesias locales, entendemos que nuestra misión es participar en la obra redentora de Dios de manera integral, mediante un liderazgo de servicio, una formación ministerial actualizada y una mayordomía fiel de los recursos que el Señor ha puesto en nuestras manos. Anhelamos formar discípulos comprometidos con Cristo, capacitados para influir positivamente en sus comunidades y contribuir a la transformación de las personas y de las estructuras sociales, con especial atención a los centros urbanos y a las comunidades que aún necesitan escuchar el evangelio.

Esta visión encuentra fundamento en la Palabra de Dios: el llamado a ser bendición para las naciones (Génesis 12:1-2), la Gran Comisión de hacer discípulos (Mateo 28:19-20), el ministerio de restauración y servicio de Jesús (Lucas 4:18) y el poder del Espíritu Santo para ser testigos hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

Por todo ello, el Departamento de Misiones de la Iglesia de Dios Evangelio Completo en Costa Rica desempeña un papel fundamental en la promoción, articulación y fortalecimiento de nuestro compromiso misionero. Seguimos adelante con la convicción de que cada iglesia local es un campo de misión, cada creyente es un testigo de Cristo y cada comunidad representa una oportunidad para manifestar el amor y el poder de Dios.

No hemos sido llamados a permanecer inmóviles, sino a avanzar; no solamente a celebrar nuestra historia, sino a escribir nuevos capítulos de fe, servicio y expansión del evangelio.

¡Somos una iglesia en marcha! ¡Una iglesia con visión, con pasión y con propósito!

Confiamos en que el mismo Espíritu Santo que impulsó a nuestros pioneros seguirá guiando a las nuevas generaciones para alcanzar a los perdidos, levantar nuevos obreros, establecer nuevas congregaciones y extender el Reino de Dios en Costa Rica y más allá de nuestras fronteras.

¡Sigamos adelante en la fe, unidos en la misión y comprometidos con la Gran Comisión!

¡Costa Rica para Cristo! ¡La misión continúa!

                                      

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